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Artículos
de Opinión
Las
opiniones aquí vertidas son de exclusiva responsabilidad
de los firmantes.
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En
todo acto electoral es muy factible encontrarnos
con personas a las que no les agrada ninguno de
los candidatos presentados, y que como alternativa
para demostrar su descontento con esa clase política,
incluyendo a los miembros de la oposición como del
oficialismo, optan por votar en blanco o anular
el voto. Por eso creo necesario realizar una diferenciación
técnica entre el voto válido, el blanco y el nulo.
El
primero es aquel que cumple con los requisitos legalmente
establecidos ( una sola boleta de un candidato por
cada categoría en perfectas condiciones), el voto
es considerado en blanco cuando dentro del sobre
no hay ninguna boleta o se colocó un papel de cualquier
color pero totalmente liso; por último el nulo es
aquel que no cumple con los requisitos para ser
valido ( ya sea porque el sobre contiene cualquier
imagen u objeto, o contiene para la misma categoría
dos o más candidatos, o las boletas están rotas
y no se llega a leer el nombre del candidato con
claridad). Lo fundamental, además de la diferencia
meramente técnica, es que a la hora de sacar los
porcentajes para saber los resultados finales que
obtuvo cada candidato solamente se tienen en cuenta
los votos validos. De aquí se desprende el mito
de que el voto en blanco y el voto nulo terminan
beneficiando al candidato que obtuvo más votos en
la primera vuelta electoral, en caso de ser una
elección presidencial , ya que le reduce la porción
de votos validos para obtener los porcentajes y
determinar así si hay o no ballotage.
Debido
a que tanto el voto blanco como nulo no es tenido
en cuenta a la hora de arribar a los resultados
finales de la elección considero que el mejor camino
para manifestar el descontento con algún candidato
o con la clase política en general, sigue siendo
la de realizar un voto válido, es decir a un candidato
determinado y cumpliendo con los requisitos legalmente
establecidos. En la situación de que no haya ningún
candidato que sea del agrado del votante, recomiendo
votar al que menos les disguste, al que crean menos
malo o menos perjudicial para los destinos del país.
Votando
a un candidato en particular, estamos aprovechando
la posibilidad que nos da la Democracia de elegir
a nuestros representantes, pero por sobre todo estamos
en condiciones de exigirle con posterioridad a aquella
persona a la que le depositamos nuestra confianza
a que cumpla con las promesas vertidas en la campaña
y que respete y haga respetar los principios constitucionales.
De esta manera seguiremos aportando a la consolidación
de nuestras instituciones democráticas y republicanas,
porque la base de nuestro sistema político consiste
en que podamos elegir a nuestros representantes.
*Abogado.
Lic. Relaciones Internacionales. Profesor de Educación
Cívica en el Colegio Esteban Echeverría, Profesor
Auxiliar de Derecho Constitucional en la Universidad
Abierta Interamericana, miembro de Bases XXI – espacio
para la reflexión y difusión de la cultura Cívica-)
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En
los próximos días, se iniciará una nueva etapa política,
con el comienzo del segundo mandato consecutivo
de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner
y con la renovación de ambos cuerpos legislativos.
Nadie puede discutir la contundencia de un resultado
electoral por el cual el 54% de los votantes depositó
en la actual jefa del Estado su confianza. Tampoco
el hecho de que ese aval se haya extendido al ámbito
parlamentario, donde el oficialismo contará con
virtual mayoría en el Senado y la Cámara de Diputados
de la Nación. Sin embargo, resulta perfectamente
legítimo expresar inquietudes sobre los peligros
de avanzar hacia un poder absoluto.
El
nacimiento del constitucionalismo moderno desde
fines del siglo XVII estuvo dirigido a evitar la
concentración del poder absoluto en manos de una
persona y a erigir a la ciudadanía como única fuente
de legitimidad del poder estatal.
Tanto
el principio sobre la división de los poderes como
la idea acerca de la necesidad de contar con contrapesos
y equilibrios entre los distintos poderes apuntan
a preservar la libertad y la seguridad del hombre
frente al ejercicio arbitrario de facultades gubernamentales
sin límites ni controles.
La
ley como fruto de la voluntad general, el Estado
de Derecho como marco de la acción del Gobierno
y el control de la constitucionalidad de los actos
de los otros poderes por parte de una Justicia independiente
e imparcial, constituyen sin duda los presupuestos
sobre los que se han desarrollado las democracias
constitucionales más exitosas.
Los
claros resultados en favor del kirchnerismo no deberían
despertar ninguna alarma en un país con un Estado
de Derecho sólido e instituciones respetuosas de
la Constitución. En un sistema presidencial puede
ser eficiente que el Poder Ejecutivo cuente con
un respaldo importante para poder llevar adelante
sus programas de gobierno, sabiendo que no encontrará
mayores obstáculos en el Congreso para aprobar sus
distintas iniciativas. Se entiende, no obstante,
que aún edificado sobre las mayorías del partido
de gobierno, el Congreso debiera controlar y debatir
las propuestas del Ejecutivo, escuchando a las minorías
y respetando sus derechos. En última instancia,
será el Poder Judicial el que deberá restablecer
siempre el imperio de la Constitución respecto de
aquellos actos o leyes que se aparten o contradigan
sus preceptos.
Pero
la práctica constitucional argentina suscita serias
preocupaciones. El presidencialismo propio de nuestro
país personaliza y concentra de tal modo el ejercicio
del poder, que el Congreso ha llegado, inéditamente,
a resignar todo control político sobre los actos
del Presidente. Se ha esfumado así el deslinde entre
la utilización de las competencias legislativas
por parte del Congreso y el Ejecutivo, pues este
último emplea, a su solo antojo, herramientas de
naturaleza excepcional, como son los decretos de
necesidad y urgencia y las facultades delegadas,
sin que exista una mínima fiscalización del Congreso.
Se ha llegado al extremo de que ni siquiera se reúna
la comisión bicameral encargada de revisar esos
decretos.
Subsiste,
asimismo, la declaración de un Estado de emergencia
permanente que, junto a un conjunto de normas similares,
permite al presidente decidir, unilateral y discrecionalmente,
cómo utilizará los dineros públicos. Esto ha distorsionado
gravemente el régimen fiscal federal.
A
lo expuesto se agrega la poca transparencia de los
actos estatales. La inexplicable demora en sancionar
una ley de acceso a la información pública imposibilita
la rendición de cuentas y el efectivo control ciudadano.
Es
de desear que esto se modifique. Que el Congreso
recupere sus atribuciones constitucionales naturales;
que las acciones gubernamentales se tornen más cristalinas;
que se fortalezca el debilitado sistema de partidos;
que retorne el diálogo político como herramienta
de búsqueda de consensos y de convivencia, y que
la República encuentre el sendero hacia un Estado
de Derecho más robusto y respetado.
De
no ser así, esto es, de persistir la actual situación,
la responsabilidad de mantener los equilibrios institucionales,
de tutelar los derechos y libertades individuales
y la obligación de defender la supremacía de la
Constitución de las pretensiones hegemónicas recaerán
en el único poder que no depende directamente de
las mayorías políticas circunstanciales: el Poder
Judicial y, muy especialmente, en la Corte Suprema
de Justicia de la Nación.
La
actual integración de la Corte ha sido señalada
por el carácter innovador de algunos de sus pronunciamientos
en la defensa de derechos y libertades, tanto individuales
como colectivos. Sus decisiones han tenido el acierto
de marcar rumbos en el ejercicio del control de
constitucionalidad. Su presidente, Ricardo Lorenzetti,
en numerosas oportunidades ha destacado el papel
que cumplen los tribunales en la defensa y preservación
de las normas constitucionales, como también la
necesidad de resguardar y proteger la independencia
e imparcialidad republicana de los jueces respecto
del poder político, como presupuesto indispensable
para que puedan decidir conforme a derecho los casos
que se llevan a su conocimiento.
En
las circunstancias actuales, la Corte deberá ser
especialmente celosa en el cumplimiento de su misión
esencial encomendada por la propia Constitución,
evitando que se produzcan excesos o abusos del poder
y se caiga, sin posibilidad de solución, en lo que
Montesquieu advertía en el siglo XVIII: "Todo
estaría perdido si el mismo hombre, el mismo cuerpo
de personas?, ejerciera los tres poderes: el de
hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones
públicas y el de juzgar los delitos o las diferencias
entre los particulares".
Fuente:
La
Nación Online
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Después
del resultado de las elecciones primarias (PASO)
el electorado argentino no espera grandes cambios
en el resultado de las elecciones del 23 de octubre.
En general la gente opina que ya votó, por lo que
se ha instalado un desentendimiento del acto electoral
que no le hace bien a la República.
No
debemos olvidar que el voto es el primer eslabón
del proceso que lleva al poder a un gobierno democrático.
El voto da y quita responsabilidades, y el electorado
pretende del candidato que recibe el mayor de los
apoyos la concreción de los logros prometidos, tal
como pretende que los que siguen en la elección
realizarán un control de gestión preciso y agudo.
Estos roles son intercambiables en una república,
pero por muchas razones la sana costumbre de votar
para elegir quiénes dirigirán el país se considera
como un trámite más y por lo tanto se agota el día
mismo de la elección.
Si,
como aconteció este año, se llevan a cabo elecciones
que, bajo una metodología nueva, intentaron reverdecer
el sistema y solo lograron confundir, es lógico
que ante lo que se supone una repetición, se instale
la abulia electoral. Ir a votar ya no se siente
como un derecho sino como una tarea.
Para revertir este estado de ánimo es necesario
despojarse de animosidad partidaria y apropiarse
del concepto de república. Cada voto vale y es legítimo
defender en una elección las ideas políticas.
Todos
los ciudadanos tienen los mismos derechos, fundamentalmente
el de la discrepancia en la administración de los
asuntos del país, y también el de la adhesión. Así
formarán las mayorías y las minorías. Votar es entonces
un acto de madurez cívica ya que implica respetar
un resultado cuando es adverso y regocijarse cuando
gana el candidato o candidata que elegimos.
Se
puede pensar en la no obligatoriedad del voto, lo
que no se puede es sentirse eximido de la condición
de ciudadano que, también en esta oportunidad,,
se manifiesta votando.
Dora
Moneta
dmoneta@fibertel.com.ar
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¿Qué
título no? Pero… ¿cuántos se lo preguntan?
Sin
embargo si se nos llena la boca diciendo que vivimos
en democracia, deberíamos hacer una reflexión y
pensar porqué el Congreso de la Nación es uno de
los pilares de la república democrática (dicho así,
para que la figura que hemos adoptado como gobierno
quede completa).
También
se preguntan otros ¿para qué? Bueno, aquí el nivel
de preocupación sube.
Vayamos
a nuestros conocimientos de cultura cívica y ahondemos
el concepto del equilibrio de los poderes del Estado:
el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder
Judicial. Están en ese orden en el texto de la Constitución.
Diríamos que puede ser lógico porque el Presidente
de la Nación tiene permanente tribuna y es “lo más”
para muchos: va primero. Después vienen los senadores
y diputados, quienes se reúnen a veces en reuniones
cerradas o semicerradas en comisiones de estudio
y deliberativas, donde se tratan los proyectos de
ley y, luego, en sesiones públicas en el recinto,
cuando los proyectos entran en el orden del día,
a grandes voces y si se televisan mejor.
Y
aquí entramos en el nudo de la cuestión. El Presidente/a
representa una opción política. En el Congreso los
representantes traen mandatos de distintas opciones
políticas lo que significa que, en líneas generales,
representan a la mayor parte del electorado. ¿Esto
es importante? Vaya si lo es.
No
podemos dejar de lado el concepto de que la libertad
prospera en la diversidad cultural, en las diferencias,
en el pluralismo y sobre todo, en la diversificación
del poder. Si el poder reside en una sola persona,
corremos el riesgo cierto de que nuestra libertades
van a ser cercenadas de una manera u otra. De ahí
la importancia que debemos dar al Poder Legislativo,
como controlador de los excesos de los gobiernos
y como cooperador en la marcha del estado dentro
del equilibrio institucional.
La
elección de los miembros del Congreso nacional y
de los distintos cuerpos legislativos provinciales
y municipales, adquiere así un alcance fundamental.
Esto pone de relieve la gran responsabilidad que
tienen tanto los partidos políticos como nosotros
los ciudadanos, en esa tarea de elegir a los candidatos
que deberán integrar los cuerpos deliberativos:
en el caso que hoy nos ocupa, el Congreso de la
Nación. Los primeros porque para conformar las listas
deben buscar a los mejores. Los segundos porque
en el espectro de ofertas políticas, hay que saber
a quiénes elegimos para representarnos, sabiendo
que son ellos quienes deberán cumplir con la función
de verificar el cumplimiento de la ley, de buscar
los caminos del progreso, de legislar para todos;
de garantizar los derechos; de servir de enlace
entre quienes los votaron, entre las bases territoriales
y los distintos resortes del poder; de buscar el
verdadero equilibrio entre lo que queremos y lo
que tenemos, entre los pequeños intereses políticos
y los intereses sociales de los individuos organizados
fuera de la política.
Hay
una necesidad de legitimar el Congreso para que
la balanza del poder no esté inclinada hacia unos
pocos y para convertirlo en la verdadera caja de
resonancia de los problemas del país, donde se debatan
los grandes temas en un clima de tolerancia y respeto
por las minorías y donde primen los verdaderos valores
de una comunidad organizada democráticamente. No
es una utopía; es una necesidad que sólo se conseguirá
si elegimos responsablemente.
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El
23 de octubre se llevará a cabo la elección nacional
para que los ciudadanos de nuestro país elijan a
las autoridades que conducirán el futuro de nuestra
nación durante los próximos 4 años. Cualquiera sea
el ganador de la competencia final en el mes de
octubre, o en noviembre, si se llega a la segunda
ronda, deberá enfrentar cuatro desafíos
económicos inevitables.
El
primero tiene que con con la tasa de inflación.
Esta última que está alrededor del 25% anual, en
mediciones independientes y no en las maquilladas
estadísticas del Indec, obligará a un esfuerzo sistemático
de la próxima administración para llevar la tasa
de inflación a niveles semejantes a nuestros vecinos.
El objetivo central de cualquiera que sea el mandatario,
será evitar su espiralización. Las
tendencias que están operando de aceleración tanto
de la emisión monetaria como el gastos fiscal, así
también como la política de ingresos, pre anuncian
un nivel más elevado de inflación, y ello pondrá
en la agenda esta temática como un requisito esencial
para reestablecer cierta previsibilidad en la sociedad
y en la economía argentina. Aún
cuan se tratara solamente de evitar que esa inflación
espiralice y estabilizarla a niveles del 25 y 30%
dado los desequilibrios y la dinámica en la que
estamos sumergidos, ello requerirá un esfuerzo constante
y significativo.
El
segundo aspecto que condiciona y alimenta
el primer tema, es que el país ha entrado en déficit
de cuenta corriente, en el balance de pagos. Esto
ocurrió a pesar de las fabulosas circunstancias
internacionales que la Argentina disfruta desde
hace más de ocho años, dado que nos vimos favorecidos
por la notable apreciación de las monedas de nuestros
países vecinos, por las tasas de interés sumamente
bajas a nivel mundial, así como altísimos precios
para las commodities que exportamos. Todas estas
circunstancias, aun actuando en conjunto, no pudieron
evitar que el deterioro de la situación externa
condicione fuertemente las opciones de políticas
hacia el futuro. En
ese ámbito cabe señalar que el mecanismo que atenuó
la altísima tasa de inflación, el retraso cambiario,
por la mencionada debilidad del sector externo y
por la vulnerabilidad de su situación de reservas,
no estará disponible hacia adelante. Es inevitable
destacar, que no podrá formar parte de la programación
del próximo gobierno incurrir en un mayor nivel
de sobrevaluación de la divisa extranjera, como
tampoco podrá acelerarse la tasa de inflación como
mecanismo de corrección. En ambos casos se estaría
acumulando un problema de mayor gravedad para nuestro
futuro.
El
tercer punto que subyace detrás de la inflación
y de los desequilibrios externos, siendo su variable
explicativa, es el desequilibrio fiscal. Esto se
da a pesar de los extraordinarios niveles de recaudación
y una excepcional alza en la presión tributaria.
Ese crecimiento del gasto tiene un elemento estructural
y desestabilizador que es el nivel creciente de
los subsidios y de las erogaciones debidas al cambio
del sistema de seguridad social.
Por
último, y uno de los grandes desafíos de cara al
futuro, es avanzar hacia el predominio
del trabajo formal. La Argentina no podrá recurrir
en el futuro como lo ha hecho en las últimas dos
administraciones kirchneristas a aumentos de imposición
laboral. Esos impuestos se traducen en una distorsión
que fomenta el problema del empleo informal. Eso
obliga a pensar en instrumentos diferentes de los
que hasta ahora se han utilizado para lidiar con
esta problemática.
El
empleo informal como el desempleo son lacras en
nuestra sociedad, que no deberían ser agudizadas
por las urgencias del corto plazo. Por eso cualquier
programa de gobierno de consolidación fiscal, de
abatimiento inflacionario, de normalización del
sector externo, deberá partir de la base conceptual,
que el sector laboral debe atenuar la carga tributaria
que implica su empleo, y deberá al mismo tiempo
encontrar una herramienta que por el contrario fomente
el proceso de integración social que está asociado
al empleo formal. Esos dilemas estarán en el corazón
de las definiciones de política económica del gobierno
que vamos a elegir en las urnas. Este
análisis procura que el debate de los cuatro problemas
este en el centro de las razones por la cual deberá
elegirse uno u otro candidato ¿Cómo se frena el
proceso inflacionario? ¿Cómo vamos a corregir los
desequilibrios externos? ¿Cómo vamos hacer para
encauzar el desorden fiscal? ¿Cómo se normalizará
el mercado alboral?.
Ninguno
de estos interrogantes puede ser soslayado. La respuesta
no puede ser la omisión de pagos a los juicios de
los jubilados como desgraciadamente ocurrió durante
los últimos ocho años. Por el contrario, una actitud
responsable y sensata en la resolución de estos
cuatro desafíos, le permitirá al país aprovechar
las circunstancias internacionales favorables y
obtener como fruto un desarrollo económico sostenible.
Fuente: Diario
La Causa |
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Publicado
en "La Nación" el domingo 17 de Julio
2011, donde el autor responde cada domingo en esa
página inquietudes y reflexiones sobre cuestiones
relacionadas con nuestra manera de vivir, de vincularnos
y de afrontar hoy los temas existenciales.
Señor
Sinay: Uno observa el mundo: la
destrucción le gana a la construcción en una proporción
de 10 a 1 en todo sentido; ambiental, social, cultural.
En mi propio edificio vi una reunión de 10 jóvenes;
al terminar quedaron algunas botellas abandonadas,
9 se fueron con displicencia, pero uno juntó las
botellas y se las llevó. Parece confirmarse aquella
proporción, pensé. Ejemplos como ése son abundantes,
pero si la proporción antedicha fuera verdadera,
ya estaría destruido el planeta. Algo no nos deja
ver cómo hay tantos que en estos momentos, tal vez
delante de nosotros, construyen. ¿Hay algo que se
pueda hacer para abrir aún más los ojos de la gente?
Carlos
Gustavo Virardi
En
un hospital de Ashford, Inglaterra, moría el 24
de agosto de 1943 la filósofa francesa Simone Weil.
Tenía 34 años y su vida breve fue agraciada con
una lucidez prematura y profunda. Pacifista coherente
y convencida, infatigable y dolida exploradora espiritual,
revolucionaria comprometida, Weil sufría de tuberculosis.
Provenía de una familia acomodada, pero había decidido
vivir en carne propia los dolores de los más sufrientes.
Estudiante brillante, fue obrera automotriz y también
labriega, además de tratar a la par con grandes
filósofos de su tiempo. Se dejó morir de hambre
dispuesta a no comer ni un gramo más de lo que ingería,
en plena guerra, la mayoría de la población de una
Europa herida y hambreada. Sus valores, creencias
y principios eran una forma de vida, no una declaración.
Todos
los libros de Weil son recopilaciones póstumas de
sus escritos. En uno, El arraigo, se incluye un
texto sobre los deberes y derechos humanos. Ella
sostenía que derechos y deberes no pueden escindirse.
Son una polaridad que, si es disuelta, deja sin
significado a cada término. Pero advertía que, de
dar prioridad a uno de esos conceptos, el primer
lugar es para los deberes. "No hay derecho
sin obligación -escribía-, pues un derecho no es
eficaz por sí mismo, sino sólo por la obligación
a la cual corresponde." Impresiona la potencia
y la vigencia de este pensamiento en un momento
en que, como observa nuestro amigo Carlos, el alevoso
olvido del otro provoca un vaciamiento de aquella
polaridad. Demasiadas veces se confunden, hoy y
aquí, derechos con deseos, con urgencias o con intereses
personales cuando no sectoriales. Y en nombre de
eso se toma sin dar, se destruye sin construir,
se cosecha, sin haber sembrado, lo que otros plantaron.
Pasa, como dice Carlos, en lo ambiental, en lo social,
en lo cultural, en lo político, en lo económico,
en variados campos de la vida y las relaciones cotidianas.
Escribe
Weil: "Un hombre, considerado en sí mismo,
sólo tiene deberes, entre los que se encuentran
deberes hacia sí mismo. Tiene derechos, por su parte,
cuando es considerado desde el punto de vista de
los otros, que reconocen obligaciones hacia él".
No hay forma, entonces, de escapar a los deberes.
Quien no contempla al otro se devalúa a sí mismo,
porque es el otro el que confirma (con su mirada,
su voz, su presencia, su escucha) nuestra existencia.
El respeto del deber hacia el otro abona el sentido
de ambas vidas. Si a cada quien le da lo mismo qué
deberes olvida, qué derechos pisotea, de quién se
desentiende, puede ocurrir lo que señalaba con dureza
Albert Einstein en Mi visión del mundo: "Quien
sienta su vida y la de otros como cosa sin sentido
es un desdichado, pero algo más: apenas merece vivir".
Aun
así asistimos a la presencia de aquellos que creen
en el otro, que hacen lo que deben, que no olvidan
sus pequeños y grandes deberes (esos que, cumplidos,
realzan sus derechos). Pueden parecer pocos, pero
no lo son. Simplemente son menos que los otros.
Son emergentes. Cada uno de ellos, sabiéndolo o
no, representa a muchos que aún no irrumpen. Es
necesario recordárselo cuando los amenaza el desaliento.
Y la manera de hacerlo es actuar como ellos. De
eso hablaba Ernesto Sabato, con la belleza habitual
de su prosa, en Antes del fin: "Salgamos a
los espacios abiertos, arriesguémonos por el otro,
esperemos, con quien extiende sus brazos, que una
nueva ola de la historia nos levante. Quizá ya lo
está haciendo de un modo silencioso y subterráneo,
como los brotes que laten bajo las tierras del invierno.
En tiempos oscuros nos ayudan quienes han sabido
andar en la noche". Y finalizaba: "Sólo
quienes sean capaces de encarnar la utopía serán
aptos para el combate decisivo, el de recuperar
cuanto de humanidad hayamos perdido". Hemos
perdido mucho, pero todos los días alguien nos recuerda
con hechos lo que queda por ganar. ¿Por qué no imitarlo?
Fuente:
La
Nación online |
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Entrevista
a Alberto Dalla Via, publicada en "La Nación",
domingo 26 de Junio 2011
Reconocido
constitucionalista, integrante de la Cámara Nacional
Electoral, Dalla Vía dice que hay un alto grado
de desconocimiento en torno a la votación del próximo
14 de agosto, afirma que el Gobierno debería hacer
un mayor esfuerzo de difusión y advierte que, cuando
este esfuerzo no se hace, el sistema electoral no
puede garantizar la igualdad en la competencia.
Dice
que el oficialismo es muy vivo y la oposición, muy
dormida. Y califica a la última reforma electoral,
gracias a la cual debutarán en la Argentina las
elecciones primarias y el padrón mixto, como complicada
y sofisticada (no porque sea necesariamente mala,
sino porque no es fácil de implementar). El que
habla no es un constitucionalista más. Alberto Dalla
Vía es uno de los tres jueces de la Cámara Nacional
Electoral y suena resignado cuando dice que "las
leyes no pueden dominar la realidad política argentina"
y que la provincia de Buenos Aires es y seguirá
siendo la madre de todas las batallas y el escenario
principal de las picardías de nuestros políticos.
Advierte,
además, que al electorado le falta información sobre
las nuevas reglas de juego porque el Gobierno no
hizo suficiente campaña sobre este asunto y que
también les falta información a los apoderados de
los partidos, que ayer cerraron las listas que los
electores encontrarán en el cuarto oscuro el 14
de agosto. Y adelanta que, exceptuando al oficialismo,
todos tendrán dificultades para cumplir con la nueva
normativa, que tiene novedades, especialmente en
materia de financiamiento de las campañas.
En
las elecciones primarias abiertas simultáneas y
obligatorias (PASO), los ciudadanos elegirán a los
precandidatos de los partidos que se convertirán
en candidatos a ocupar distintos cargos. Por eso,
la oficialización de las listas estuvo este año
y por vez primera a cargo de los partidos y no de
la Justicia. Y en las elecciones generales del 23
de octubre se elegirán autoridades. Pero, como en
la Argentina las cosas no siempre resultan como
el legislador las planea, en el caso de los precandidatos
a Presidente, los partidos ya eligieron a sus candidatos.
Por eso, esta vez, las PASO servirán en realidad
para que el electorado elija candidatos sólo para
las otras categorías: senadores, diputados, intendentes
(en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo),
entre otras.
"Como
somos un país presidencialista, la opinión pública
ve la punta del iceberg y cree que las PASO no definirán
nada y serán una especie de encuesta certera porque
las candidaturas para presidente ya están resueltas,
pero esto no es así. Como ocurre con los icebergs,
las dos terceras partes que están por abajo del
agua son el resto de las candidaturas. Y eso sigue
estando en discusión y seguramente va a haber allí
pujas polémicas. En la provincia de Buenos Aires,
por ejemplo, se elegirán autoridades para nueve
categorías, y la gente puede votar en cada una por
candidatos de un partido diferente si así lo desea",
aclara el magistrado.
Dalla
Vía tiene 54 años, es padre de tres hijos -Patricio,
Luciano y Camila- y se convirtió en camarista electoral
en 2001. Fue, junto con su par Santiago Corcuera,
el primer juez nombrado por el Consejo de la Magistratura
de acuerdo con el nuevo sistema de selección de
jueces, que reemplazó al dedo presidencial.
Tiene
currículum de sobra: es abogado por la Universidad
de Buenos Aires, doctor en Derecho Constitucional
y en Ciencia Política, profesor titular de Derecho
Constitucional en la Facultad de Derecho de la UBA,
miembro de la Academia Nacional de Ciencias Morales
y Políticas y de la Real Academia Española de Ciencias
Morales y Políticas y presidente de la Asociación
Argentina de Derecho Constitucional.
Además
fue Premio Konex 2008 en la categoría "Jueces"
de la última década, es autor de más de 20 libros
y publicó más de 200 artículos de Derecho Constitucional
y Ciencia Política. Antes de convertirse en camarista
electoral era juez civil en Quilmes y ejerció la
profesión durante 18 años.
Cuando
se le pregunta si los otros precandidatos presidenciales
podrán usar la cadena nacional para lanzar su candidatura,
como hizo esta semana la Presidenta, Cristina Fernández
de Kirchner, responde que la Justicia es siempre
el último recurso y, en este caso, antes debiera
presentarse un recurso ante la Secretaría de Medios.
Y protesta por el bajo nivel de debate y discusión
que recibieron algunas de las innovaciones de la
reforma (por ejemplo, aquella que prohibió la pauta
privada en televisión durante la campaña y colocó
en manos del Ministerio del Interior el reparto
de la pauta pública para todos los candidatos).
-Dicen
los expertos en temas electorales que la última
reforma política fue la más importante desde el
retorno de la democracia y que, como en cualquier
reforma, probablemente haya desafíos vinculados
a la implementación. ¿Cuáles son los principales
desafíos?
-Permítame
recordarles a los especialistas que la reforma más
importante de la democracia fue la reforma constitucional,
que puso la segunda vuelta, el ballotage, la elección
directa de los senadores y eliminó el Colegio Electoral.
Que no se olviden de eso, porque de eso no se acuerdan
algunos, como no se acuerdan de otras cosas. Evidentemente,
la de 2009 fue una reforma muy grande, muy complicada,
muy sofisticada. El centro de la cuestión son las
primarias, que implican una cantidad de aspectos
que de acuerdo a cómo se dé el juego político van
a traer mayor o menor cantidad de problemas. Como
se están dando las cosas, parecería ser que las
primarias no van a ser muy utilizadas para las categorías
presidenciales, aun cuando el objetivo del legislador
había sido que lo fueran, revalorizando el bipartidismo
de peronistas y radicales.
-Las
primarias parecen una encuesta certera, aunque cara.
-Pero
no elegimos solamente presidente. El problema de
la ley argentina es que elegimos presidente, legisladores
y que en muchos distritos hay simultaneidad, si
bien algunas provincias han comenzado una práctica
que antes no se daba: la de hacer elecciones separadas,
como ocurrió en Chubut, en la Capital, en Santa
Fe. No hay que olvidarse de que hay muchos distritos
donde las elecciones son simultáneas, por lo tanto,
se eligen autoridades nacionales y autoridades provinciales.
Y la "madre de todas las batallas" es,
como siempre, la Provincia de Buenos Aires, un distrito
donde hay casi 11 millones de electores, es decir,
más que en muchos países de América latina, y donde
dada la desigualdad de la distribución de la población
en la Argentina todos sabemos cómo se concentra
el poder político, a punto tal que en la Argentina,
a diferencia de la época del orden conservador,
donde los grandes actores políticos eran los gobernadores,
que le disputaban el poder al presidente, ahora
han aparecido los intendentes o los "barones"
del conurbano, que son grandes actores políticos.
Entonces, en la provincia de Buenos Aires vamos
a tener una boleta con nueve secciones. En la primaria
hay que elegir presidente y vicepresidente, senador,
diputado, gobernador y vice en el caso provincial,
y todas las autoridades provinciales hasta consejero
escolar. Por lo tanto, el ciudadano, que está muy
poco informado, tiene que tener claro que tiene
un voto por cada categoría. En la primaria se tiene
un voto por cada categoría de cargo, un ciudadano
puede votar a presidente por un partido y a legislador
provincial por otro. Entonces, en muchas categorías
inferiores la disputa va a ser álgida y creo que
uno de los problemas que vamos a tener va a ser
la confección de las actas de escrutinio en la provincia
de Buenos Aires, sobre todo por este nivel de complejidad.
-¿Y
cómo superar estas complejidades, producto del sistema
de partidos y electoral argentino?
-La
Cámara Electoral siempre fue partidaria de la boleta
única, así lo hemos manifestado en distintos seminarios.
Pero bueno, el legislador argentino cuando votó
la última reforma (sonríe) decidió otra cosa. En
el futuro habría que legislar pensando más en el
interés del ciudadano que en el de los partidos.
-¿Qué
traería la boleta única?
-La
boleta única transparenta más la elección y evita
la proliferación de boletas por categorías que tenemos
en la Argentina. Hay partidos que van a llevar sábanas,
pero los ciudadanos pueden cortar boleta. Nosotros
entendemos que en esta elección va a haber una multiplicidad
de boletas. Además, la ley establece que las boletas
deberán ser en colores, y los partidos que no consigan
tener la boleta en color la llevarán en blanco y
negro. Pero 50 días antes de la elección deben oficializar
colores.
-¿Eso
ya pasó? ¿Cuál es el color de cada candidato a Presidente?
-No,
todavía no. Estamos hablando de 50 días antes de
la primaria. Lo único que se ha cumplido hasta ahora
del cronograma electoral, además del cierre del
padrón (que este año debuta mixto e informatizado),
ha sido la presentación de alianzas, que se hace
60 días antes de la primaria. Porque con esta ley,
para enfatizar lo complejo de todo, no se pueden
hacer alianzas entre la primaria y la elección general,
como se hacía antes: los partidos hacían sus internas
y después podían armar alianzas, recomponer alianzas.
Ahora las alianzas hay que hacerlas antes. El miércoles
de la semana última se presentaron siete alianzas:
Compromiso Federal, que lleva como candidato a Alberto
Rodríguez Saá; el Frente Amplio Progresista, de
Hermes Binner; la Alianza Frente de Izquierda y
de los Trabajadores, que postula a Jorge Altamira;
el Frente para la Victoria de la Presidenta; el
Frente Popular de Eduardo Duhalde; la Alianza para
el Desarrollo Social Udeso que candidatea a Ricardo
Alfonsín, y Proyecto Sur, de Pino Solanas.
-¿Cuál
es el sentido de las primarias si los partidos ya
decidieron a sus principales candidatos?
-Todavía
no se han oficializado candidaturas sino solamente
alianzas, pero lo que puede ocurrir es que, efectivamente,
no se cumpla con la lógica prevista por el legislador.
Cuando se debatió esta ley, en diciembre de 2009,
posiblemente uno de los grandes objetivos fue tratar
de reconstruir el bipartidismo. Tratar de recomponer
a los grandes partidos, por eso se establecieron
criterios muy estrictos para el número de afiliaciones,
y han caducado muchos partidos políticos.
-¿Caducaron?
-Sí,
han caducado y hay muchos que están en proceso de
tratamiento. Teníamos más de 700 y hay menos de
500 ahora.
-Entonces,
¿volviendo a las primarias?
-La
participación en una primaria -si hubiéramos tenido,
por ejemplo, dentro de las alianzas, distintos candidatos
que participaran en una gran primaria de los grandes
grupos políticos- hubiera funcionado como factor
de reducción. Lo que pasa es que las leyes no pueden
dominar a la realidad política. A veces el legislador
intenta diagramarla, pero la realidad política argentina
hizo que, por ejemplo dentro del sector tradicional
justicialista no se realizara una gran primaria
entre oficialismo del Frente para la Victoria, el
sector de la Alianza Unión Popular de Duhalde y
el sector del Peronismo Federal con un tercer candidato,
y en el panradicalismo también ocurrió lo mismo.
-Usted
dice entonces que, aunque no vayan a ser como se
pensaron, las primarias.
-(Interrumpe)
Es importante que los ciudadanos sepan que la primaria
es una elección nacional, en la cual hay que ir
a votar y en la cual cuanta mayor participación
haya, también vamos a tener mayor protagonismo todos
en la elección de candidatos. Eso es lo que ha pretendido
la ley. La Cámara Electoral está preocupada porque
no hay discusión y porque la gente tiene muy poca
información.
-¿Quién
debería informar?
-Nosotros
creemos que debería haber más discusión, lo hemos
pedido varias veces. Estamos en el año de Sarmiento,
que decía "hay que educar al soberano".
Sobre todo cuando hay una ley nueva como ésta, no
se puede pretender que los ciudadanos sepan de la
noche a la mañana todas las características de un
sistema electoral nuevo y complejo. Nosotros nos
damos cuenta de que entre la propia dirigencia política
aparecen a veces notorios desconocimientos de las
reglas de juego de la ley. A ver, ¿cuánta gente
sabe que este sufragio es obligatorio? ¿Cuánta gente
sabe que se puede votar por una categoría de candidato?
¿Cuánta gente sabe que esta vez las mesas van a
ser mixtas? Parece hora ya de que lo sepa y de que
el Gobierno se ocupe de difundirlo.
-¿Y
por qué cree que no hay difusión? ¿El Gobierno alega
que no tiene fondos, o cree usted que falta voluntad
política?
-Yo
no sabría decirle por qué. Tal vez sería inexacto
decir que no ha habido ninguna difusión. Ha habido
alguna difusión: en "Fútbol para Todos"
aparecen avisos de las primarias. Cuando nos hemos
dirigido al Poder Ejecutivo Nacional, que es el
que tiene los fondos para estas campañas, nos han
dicho que esto lo iban a iniciar un poco más adelante.
Nosotros lo que decimos es que toda difusión es
poca, y que necesitamos más. La clave de un sistema
electoral es que garantice igualdad en la competencia,
y brinde seguridad jurídica y previsibilidad. Si
no hay difusión, estos principios básicos tienden
a fallar.
MANO
A MANO
Alberto
Dalla Vía tiene oficio: diría que logra decir lo
que quiere sin decir demasiado.
Cuida
cada una de sus palabras. Pretende no adelantar
posiciones sobre temas que podrían ser objeto de
controversia y que lo recusen por ello. Igual, se
nota que tiene ganas de decir mucho más de lo que
efectivamente dice. Le gustaría dejar el traje de
juez por un rato y hablar como académico, pero elige
no hacerlo.
Los
temas que llegan a la Cámara están lejos de ser
los que él desearía. Es que los fiscales electorales
casi no presentan denuncias por irregularidades
contra los partidos o el Gobierno. Y, contrariamente
a lo que muchos esperaban, tampoco los candidatos
de la oposición ni los medios de comunicación audiovisual
objetaron judicialmente la reforma. Al menos, no
hasta ahora.
Dalla
Vía habla con convicción, sostiene sus posiciones
con citas de juristas célebres, sonríe cuando una
pregunta lo arrincona y, en varios momentos, levanta
los hombros, como evidencia quizá de que comparte
una posición, pero no lo dirá abiertamente. |
|
Editorial
de La Nación 7 de mayo 2011
El
ciudadano común observa muchas veces con desgano
e indiferencia los procesos electorales. Entre las
razones de ese estado de ánimo, está la sospecha
de que hay manipulación de los comicios mediante
manejos inescrupulosos, capaces de distorsionar
la verdadera intención de algunos votantes en el
acto de emitir el voto, o por fraudes en el momento
de los cómputos.
Por
este motivo, resulta valioso destacar el trabajo
conjunto de más de 17 organizaciones no gubernamentales,
sin distinción de ideologías, que lanzaron una convocatoria
a la ciudadanía para mejorar la transparencia y
el control de los próximos comicios. Leer
más |
|
Artículo
de Adrián Ventura para La Nación
Cuando
faltan siete meses para los comicios nacionales,
los tres integrantes de la Cámara Nacional Electoral
expresaron su gran inquietud por la falta de certezas
sobre las reglas que se aplicarán en el proceso
electoral y advirtieron que podría haber complicaciones
a la hora del escrutinio, sobre todo, en las primarias
previstas para el 14 de agosto.
"El
proceso electoral en marcha es muy complejo y sofisticado.
Estamos muy preocupados, porque el Congreso y el
Poder Ejecutivo están en mora y no dictan varias
normas que son esenciales para hacer la elección",
dijeron los jueces Rodolfo Munné, Alberto Dalla
Vía y Santiago Corcuera. Leer
más |
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Artículo
de Pablo Mendelevich para La Nación
Protestamos
y toleramos la protesta callejera más que ningún
otro país en América latina, confiamos poco en los
procesos electorales y los partidos políticos, nos
ubicamos en el centroizquierda del espectro ideológico
y aprobamos mayoritariamente una fuerte participación
del Estado en la economía. A dos años del estallido
de la crisis financiera internacional, la percepción
de los argentinos sobre su vida política fue eje
de una encuesta regional realizada por las universidades
Torcuato Di Tella y Vanderbilt. Leer
más |
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Artículo
de Guillermo Lascano Quintana para La Nueva Provincia
Se
están oyendo propuestas de algunos candidatos a
presidente de la República que, hasta ahora, parecen
insuficientes para generar adhesiones y debate.
Da la impresión de que se trata de ideas generales
no estudiadas a fondo y más bien personales de los
candidatos que de los partidos que los apoyan. Tal
vez los medios de difusión no interrogan sobre todos
los temas posibles o quizás los candidatos prefieren
no tratar ciertos temas. Leer
más |
|
Consideraciones
sobre la participación política y la reforma electoral,
en una práctica y breve presentación de Power Point.
Por Alberto Dalla Via. Leer
más
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Comenzando
2011, un año electoral con algunos tintes históricos,
políticos y legales que lo hacen especialmente particular
para nuestro país, las agrupaciones políticas se
preparan para iniciar un camino desconocido. Por
Federico Landera.
-
Conformación de listas nacionales por Primarias
Abiertas,
Simultáneas
y Obligatorias
* Leer
más
- Semántica Electoral:
SOBRE COLECTORAS Y ESPEJOS *
Leer más
- Nueva Ley 14.086
de Primarias Electorales Abiertas, Simultáneas
y Obligatorias
Consideraciones sobre el Proceso Electoral de
la Provincia de Buenos Aires * Leer
más
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Artículo
de opinión de Antonio Dalla Via para Clarín
Leer
más |
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Informe
sobre las comunas: para qué sirven, de qué se ocupan,
quiénes son las autoridades, cómo se organizan,
sus recursos económicos y el marco normativo que
las contiene.
Leer
más |
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Ver
listado |
|
El
derecho a voto de los residentes extranjeros.
Leer
más |
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más |
Fiscales voluntarios, los otros ganadores del
acto electoral
Más
de 25.000 personas sin afiliación paridaria sumaron
su aporte para custodiar las urnas
Leer
la nota completa en La Nación
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Informe
Especial desde la Agenda Legislativa del Centro
Cultural de la UCA sobre las Elecciones 2009.
Leer
más
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Documento
elaborado por la Cámara Nacional Electoral,
con todos los números: cantidad de electores,
electores en el exterior, gastos destinados a la
campaña, información por distrito
y mucho más.
Leer
más
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Para que
la elección no sea un caos
Artículo
de Clarín
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más
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Artículo
de Nicolás Ducotá - CIPPEC
Leer
más
|
Carta de
lectores La Nación: Requisitos
para las Autoridades de Mesa
La
Jueza federal, María R. Servini de Cubría,
en una nota del 12/5 indica que "el criterio
del Juzgado Federal Electoral a mi cargo es recibir
voluntarios para desempe arse como autoridad de
mesa sin ningún otro requisito que lo establecido
en el art. 73 del C digo Electoral Nacional que
dispone reunir las siguientes calidades: "Ser
elector hábil, residir en la Sección
electoral donde deba desempeñarse, saber
leer y escribir".
Para
ello las personas deberán presentarse en
la Secretaría Electoral,Tucumán 1320
con su Documento Nacional de Identidad y no encontrarse
actualmente afiliados a ningún Partido político.
Leer
más |
|
Te
invitamos a leer los resultados de una consulta
realizada por Opción Argentina, que reflejan
la opinión de 40 jóvenes sobre las
próximas elecciones.
Leer
más |
Esa antiguedad del padrón
por sexo.
Leer
más |
La boleta Ùnica, pero en
2011.
Leer
más |
Artículo de La Nación:
Cambiará el lugar de votación de los
porteros
Hay
nuevas secciones electorales; crece la inquietud
por los padrones.
Leer más |
Artículo de Daniel Sabsay:
El valor del sufragio como sustento de la democracia
El
Estado de Derecho es un sistema que se integra por
un entramado de elementos y de técnicas que
componen un determinado orden que lo caracteriza.
En ese marco, la titularidad de la soberanía
en manos del pueblo - elector como único
fundamento para el acceso al poder, es el primer
eslabón en la construcción de un sistema
democrático constitucional.
Leer más
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Conocí los
resultados del cuestionario que realizamos sobre
"Problemas en las elecciones 2007". Te
ayudarán a estar alerta.
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El Estado de Derecho
es un sistema que se integra por un entramado de
elementos y de técnicas que componen un determinado
orden que lo caracteriza. En ese marco, la titularidad
de la soberanía en manos del pueblo - elector
como único fundamento para el acceso al poder,
es el primer eslabón en la construcción
de un sistema democrático constitucional.
Podemos decir que hace las veces de verdadero cimiento
en el que luego se van apoyando los restantes elementos.
Así, asegurar un proceso electoral que permita
la libre y transparente expresión de la voluntad
popular se convierte en una necesidad imperiosa.
Ya que de lo contrario, se desmorona todo el edificio
institucional que en él se sustenta, en tanto
las autoridades que surjan de comicios viciados
no serán legítimas y ello se trasladará
a la falta de validez de sus actos. Además,
todo esto importa una serie de graves actos inconstitucionales
y podriamos seguir, pero creemos que lo ya relatado
es por demás representativo del valor insustituible
que posee todo proceso electoral en el seno de la
democracia.
Así las cosas, los ciudadanos no debemos
limitarnos a ejercer nuestro derecho al sufragio
concurriendo a votar, sino también interviniendo
en el control del acto electoral. Se trata de ejercer
el derecho a participar desempeñándonos
como fiscales electorales. El fiscal como el nombre
lo indica, es una suerte de observador del cumplimiento
de todos los recaudos que deben seguirse para que
el proceso transite por cauces normales, exigiendo
que se haga lo que la ley ordena ante cualquier
irregularidad. Desde la apertura de las mesas, la
constitución de sus autoridades, la colocación
de las boletas electorales, la presentación
de los electores exhibiendo la documentación
que corresponde, hasta el cierre del comicio y posterior
escrutinio, pasando por una cantidad de recaudos
intermedios, toda esta cadena de actos configura
el dise o básico del comicio. A su vez, debe
imperar un criterio de igualdad de trato, ante todo
a los electores y luego a los representantes de
los diferentes partidos y de los demás actores
que intervienen de alguna manera en el proceso.
El desarrollo de las elecciones en 2007 adoleci
de serios inconvenientes que provocaron reacciones
y dejaron dudas sobre lo acontecido en diferentes
lugares del país. Hoy más que nunca
se impone que esto no se repita. La presencia ciudadana
fiscalizando será, sin lugar a dudas, un
elemento fundamental para contribuir al desarrollo
de una jornada electoral con calidad institucional.
Por ello, la capacitación que esta Fundación
propicia es un presupuesto indispensable para actuar
con conocimiento de causa y un valioso aporte que
desde la sociedad se brinda para el logro de una
democracia consolidada. Hacemos votos para que la
convocatoria reciba la respuesta que merece y de
esa manera se fortalezcan las instituciones argentinas
lo que repercutirá en un mayor respeto de
nuestros derechos.
El
Dr. Daniel Sabsay es Consejero Honorario del Programa
de Propuestas de Políticas Públicas
de la Fundación Americana para la Educación.
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